- La reconstrucción de las zonas afectadas podría costar cerca de $30 billones, en un momento en que Colombia enfrenta un déficit fiscal cercano al 9% del PIB y un margen limitado para asumir nuevas presiones de gasto, según indica el último informe de Solunion Colombia.
- Del epicentro en Chocó a los principales centros empresariales del Occidente: más de 260.000 empresas en Cali, Pereira, Manizales y Armenia enfrentan dificultades para operar, llevando el impacto del sismo a la actividad productiva.
- Sectores como construcción o retail afrontarán importantes retos en este contexto.
El terremoto que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto dejó una tarea que va mucho más allá de recuperar infraestructura. Ahora se debe evitar que la interrupción de miles de empresas se convierta en un problema prolongado para la actividad económica, el empleo y las relaciones comerciales.
En el último informe presentado por Solunion Colombia, se explican las consecuencias económicas del sismo y plantea una preocupación central: la reconstrucción tendrá que avanzar mientras empresas de distintos tamaños intentan recuperar su operación, sus ingresos y su capacidad para responder por sus obligaciones.
El impacto empresarial ya es visible. De acuerdo con información citada en el análisis de Solunion, más de 260.000 empresas ubicadas en Cali, Pereira, Manizales y Armenia enfrentan dificultades para operar como consecuencia de los daños ocasionados por el sismo. Para estos negocios, una interrupción puede significar pérdida de inventarios, retrasos en entregas, menor facturación y dificultades para cumplir compromisos con proveedores y entidades financieras.
“El impacto de un desastre de esta magnitud no termina cuando se retiran los escombros. Para las empresas, la recuperación implica volver a producir, vender, cobrar y cumplir con sus compromisos. Una interrupción prolongada puede trasladar el riesgo a toda la cadena comercial y afectar la capacidad de pago de clientes y proveedores”, explica Mariana Merchán, Analista de Información de Solunion Colombia.
Cuando una empresa deja de operar, el impacto se extiende
El problema adquiere otra dimensión al considerar el peso económico de las zonas afectadas. El Valle del Cauca representa 9,8% del PIB nacional y concentra una importante actividad industrial, comercial y logística, además de una conexión estratégica con Buenaventura. En 2025, el departamento exportó cerca de US$2.753 millones, alrededor del 6% del total nacional.
Para Solunion, uno de los principales riesgos durante la recuperación será que una interrupción localizada termine afectando la cadena de pagos y suministro. El escenario puede ser especialmente complejo para las pequeñas y medianas empresas, que tienen menor capacidad para absorber periodos prolongados sin ingresos, mientras sus obligaciones con trabajadores y proveedores continúan.
Asimismo, la compañía señala en su análisis que una afectación sobre las empresas no necesariamente queda contenida en el territorio, ya que una fábrica que reduce su producción, un distribuidor que pierde inventario o un transportador que no puede movilizar mercancía pueden generar efectos sobre compañías ubicadas en otras regiones.
Sectores que tendrán un papel central en la recuperación
La construcción será uno de los sectores con mayor presión durante los próximos meses. La reconstrucción aumentará la demanda de materiales, transporte y mano de obra, en un momento en que la actividad constructora ya atravesaba un periodo prolongado de contracción.
Ese efecto se trasladará a ferreterías, distribuidores y empresas proveedoras de materiales, que tendrán que responder a una mayor demanda de cemento, acero, bloques y otros insumos. Para estas compañías, el desafío estará en mantener inventarios y abastecimiento en las zonas afectadas mientras enfrentan mayores necesidades de financiación.
El retail también tendrá un papel relevante. Las cadenas de descuento pueden ampliar su presencia gracias a su capacidad logística y a una oferta de productos de menor precio, especialmente cuando los hogares deben ajustar su gasto. Sin embargo, esto puede convivir con una situación más compleja para los pequeños comercios de las zonas afectadas, que pueden enfrentar daños físicos, pérdida de inventarios y mayores costos de abastecimiento.
Así, la reconstrucción puede generar nuevos niveles de demanda para algunos sectores, pero también profundizar las dificultades de empresas que todavía no han logrado recuperar su capacidad de operación.
Recuperar la actividad será parte de la reconstrucción
El costo estimado de reconstrucción de Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y Chocó ronda los $30 billones, una cifra que refleja la magnitud del esfuerzo que tendrá que asumir el país.
La recuperación requerirá que vuelvan a circular mercancías, que los proveedores recuperen su capacidad de entrega, que los clientes puedan pagar y que las empresas generen nuevamente ingresos suficientes para sostener sus obligaciones.
Al mismo tiempo, la reconstrucción tendrá que financiarse mientras el país enfrenta un déficit elevado y un presupuesto en el que la mayor parte de los recursos está comprometida con funcionamiento y servicio de la deuda.
Para Solunion, este panorama hace necesario observar la recuperación desde una perspectiva empresarial: no todas las compañías enfrentarán el mismo impacto ni tendrán la misma capacidad para absorber una interrupción prolongada. La situación de clientes, proveedores, sectores y cadenas de suministro será determinante para entender cómo evoluciona el riesgo durante los próximos meses, en un efecto que también llegará al empleo.
En una reconstrucción de esta magnitud, las empresas necesitan mirar más allá del daño inmediato. Conocer la situación de sus clientes y anticipar señales de deterioro será fundamental para proteger las cuentas por cobrar y mantener relaciones comerciales sostenibles durante la recuperación.


